Una aventura para todos: Canopy
Deslizarse entre un bosque de Tilos y Eucaliptos es maravilloso. Aunque a mí nadie me dijo que iba a ser así de… ¡cansador! Oh my God! Les juro que quedé echa pebre tratando de sortear las súper “pruebas extremas” que hay que pasar para llegar a la plataforma del desplazamiento final. ¡Pero vale demasiado la pena! ¿Fotos mías? Olvídenlo, son patéticas.
Lo más notable fue que cuando estaba de lo más feliz deslizándome entre los árboles el instructor me gritaba: “¡Sube las piernas!” Y gracias a mi increíble movilidad y flexibilidad elevé mis piernas un total de… ¡10 cm! Mis pies golpearon la plataforma y caí de lado en cámara lenta. Hubieran escuchado las risas de mi pololo que estaba a doscientos metros de distancia.
Lo pasé increíble. Hice ejercicio a morir, me reí, sentí adrenalina y todo por la módica suma de 4 luquitas. El circuito Águila es perfecto para empezar.
Este increíble Canopy está dentro del Jardín Botánico de Viña del Mar. Hay para todas las edades, incluso para los más chicos. Es súper seguro. Los instructores son claros y te acompañan durante el recorrido.
Aquí están los precios, para que se animen y vayan:
Circuito Chercán, para niños entre 3 y 7 años ($2.000)
Circuito Gavilán, para niños entre 8 y 11 años ($ 3.000)
Circuito Águila para personas de 12 años en adelante ($ 4.000)
Circuito Cóndor, para mayores de 15 años ($ 6.000), de una extensión aproximada de 800 metros; y,
Circuito Quetzal, también para mayores de 15 años, con un recorrido de 1.500 metros ($ 10.000).
Ojo que hay que pagar entrada al Jardín Botánico. Adultos $1.000; adulto mayor $500 y niños $300.
En Santiago pueden encontrar Canopy en el Vertigo Park del Parque Mahuida, en La Reina.
Coméntanos tu experiencia en Canopy o qué lugares te gustaría que visitáramos. Todas las invitaciones son bienvenidas.
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Wuaaa. En el verano 2006 me tocó viajar en estos cables. Para quien no cacha, el canopy trata de un cable, un arnés, un par de guantes y un valiente que se atreva. Te deslizas por el cable. Dependiendo de la longitud y de la inclinación, puedes alcanzar velocidades bastante elevadas.
Fue al sur de Villarrica. Los primeros cables eran cortos. Estaba muy seguro de lo que hacía. De a poco eran más prolongados y con una altura de más de 50mts. Era divertido. Estaba el hijo de uno de los guías y llegaba a hacer piruetas en los cables.
El cable más largo medía 1Km y alcanzabas una velocidad de hasta 100km/h. Fue una experiencia chora. No podías ver el otro extremo del cable. Ya veías que te tocaba la mala pata y se cortaba. ¿Y si se corta? Un precipicio con rocas de un río que ya no está era lo que me esperaba.
Pasé todas las pruebas. A la vuelta me subí a una camioneta con Pick Up. El camino era de tierra. Ni les cuento el rally, y todo lo que saltaba atrás de la camioneta.
La gracia le salió $10.000 pesos a mi viejo xD. Valió la pena eso si ajjauajuaau
¡Mati Extremoooooooooooo!
=)
jajaja excelente!!! yo también tuve la oportunidad de experimentar el canopy del jardín botánico de Viña… demasiado bueno, aunque el dolor corporal general al otro día fue lo peor de la vida. Ya ni recuerdo que circuito fue el que hice, pero lo mejor de la vida es tirarse por el cable al final… YUPIIII!!! experiencia mil recomendable, supongo que en algún momento habra que avanzar de nivel y atreverse con el más largo, si es que el estado físico lo permite xD. Al frente de mi facu hay unos cables de canopy creo… pro no he averiguado de quien depende. Quiero en lagún momento experimentar el de pucón. jejeje
A todo esto me encanta leer algo que hayas escrito, lei tu nick hace días y me iba a meter a ver que onda, pro ahora que busco escusas para no estudiar lo vi y encontre mil nice. Querida Pancha espero que el golpe no haya sido tan doloroso y que tu sr pololo haya podido detener la risa en el momento indicado. Saludos… seguire leyendo por aqui en tanto el tiempo me lo permita.
Pagaría por ver, aunque sea un segundo, a Francisca haciendo Canopy. Nunca he practicado este deporte, pero supongo que es bastante entretenido. Me gustó en demasía tu experiencia extrema, Francisca.
Saludos