Siempre hay un espacio para ti: Tarjetas de crédito
A principios de la década del 80´ los chilenos de clase media encontraron la solución más rápida a todos sus problemas financieros: La tarjeta de crédito.
Los privilegios que te brinda el dinero plástico son inimaginables, más si pensamos en que nos da la posibilidad de pagarlo todo en 36 cómodas cuotas. Forma de pago que a la larga cuadruplica el precio real del producto.
En un par de días los intereses aumentarán de forma increíble cuando suban las tasas de interés desde el Banco Central. ¿Los chilenos tendrán una solución alternativa para dejar el uso mensual de esa adictiva opción de crédito?
No tiene precio, ni existe implemento comparable con la comodidad de pagar cuanto artefacto, viaje, vestimenta o cualquier tipo de alimento que el usuario crea necesitar, mediante ese pequeño rectángulo poderoso.
No sólo a aquellos que tienen sueldo se les ofrecen ese mágico implemento. Hay gente perversa que acosa a los jóvenes que recién empiezan su camino universitario, ofreciéndoles un cupo máximo de 60 mil pesos si adquieres esta famosa tarjeta. Y si te fue bien en la PSU, a los alumnos de universidades del estado les ofrecen un mayor porcentaje de gastos, sin dejar de recordarles constantemente que aunque se endeuden, siempre esta la posibilidad de abonar con 5 mil pesos. El famoso saldo refundido.
La tarjeta de crédito hoy ya no es otro de los largos factores que provoca la discriminación, es más, es el implemento transversal que cualquier ciudadano - sin importar si vive antes o después de Plaza Italia – posee. La tarjeta no excluye, es amiga/enemigo de todos por igual.
El uso más popular del dinero plástico es por la fidelización. Te ofrecen descuentos y beneficios gigantes si pagas con plástico, pero en realidad es para que olvides que finalmente estás pagando con dinero real y pierdes la cuenta y lo inevitable pasa: Se olvidan de los temibles intereses.
Las tarjetas de crédito son una trampa para el consumo. Es como comer en platos más grandes, creen que están comiendo más, pero no es más que un efecto visual. Todo es psicológico, es fácil desconectar a la gente del papel moneda para gastar más y más rápido.
La fidelización a las tarjetas es como un culto, parecido a los cigarrillos, porque si usas la tarjeta equis, que se ajusta a tus necesidades y tiene en su publicidad a modelos de tu rango de edad, eres cool.
La tarjeta de crédito es un producto en si mismo, no un medio.
¿Culpamos de esta “necesidad creada” a Sebastián Piñera por traer consigo la formula que lo hizo millonario? ¿Es acaso Piñera un irresponsable social por no pensar en las consecuencias socioeconómicas que traería el dinero falso a la clase media?
Es un hecho que hace más de 30 años, los chilenos abusan de ella, el mundo sobrevive con ella, es odiada, necesitada, pero pase lo que pase ya esta con nosotros y tiene un espacio exclusivo en millones de billeteras, lo que sin duda es un efecto que sobrevivirá hasta que alguien con necesidad de ser uno de los 20 personajes con más dinero en el mundo aparezca con una nueva formula de pagar.
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Taretas de crédito en mi vida = Mi papá agarrandome de la oreja y pagándome la cuenta xD
No lo haga!
No lo haga!
Sálvese!
Es que las personas se acostumbran a pagar con dinero imaginario, sabiendo que al final pagarán más. Algunos llenan todas las tarjetas que tienen y ya no les queda cupo en ninguna más. Hay que tener cuidado, es dinero de mentira, pero que al otro mes se vuelve real, porque tienes que pagarlo.
Si no me equivoco existe una diferencia entre las tarjetas de las casa comerciales, como las de Ripley, Falabella. etc, y las tarjetas de crédito como lo son Visa, Matercard u otras. Mi querida profesora Lyuba Yez me retó por encasillarlas todas juntas, porque no son lo mismo.
Las tarjetas de casas comerciales hace tiempo se masificaron, cerca de los 80 y han alcanzado todos los sectores socioeconómicos del país. Las otras, como la Mastercard, hace no muchos años llegaron a casi todas las personas. Si bien, no son lo mismo porque una puede describirse como de débito y la otra de crédito, ambas son tan tentadoras. Tuve la de Falabella, onda la wevá de estudiante, y me endeudé. Aunque la deuda no era tan elevada, mi querida madre terminó pagando mis cuentas. También tengo la Visa y debo reconocer que es uno de los mejores inventos de lo últimos años. Me ha salvado varias veces y ha financiado varios carretes. Eso sí, al igual que la de Falabella, no la pago yo. Tal como dice pancha, son los papás los que terminan tomando las responsabilidades que derivan de nuestras irresponsabilidades. A todo esto, el sábado pasado ocupé la maldita tarjetita, ojalá la cuenta no llegue pronto xD
fe de erratas
arriba era casas, no casa ¬¬
en la segunda línea era Mastercard ¬¬
Y lo peor es que pronto no habrá más cómo sostener tantas tarjetas de crédito, todo se vendrá abajo y la gente ni sabrá qué les está pasando.
Por eso mejor es siempre pagar con dinero que en verdad se tiene.
Saludos.