Un par de bofetadas

(Internacional) by Daniela Rojas Ovalle on 10-08-2008

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Dicen que nuestra época es una de las más aventajadas; porque tenemos derechos que, algunos siglos atrás, no existían; porque tenemos acceso a cosas (materiales y servicios) con las que antes un ciudadano común y corriente no contaba; porque el “boom” de las comunicaciones ha llegado a “democratizar” los conocimientos. Pero, ¿cuál es el costo? Hoy por hoy, un ciudadano común vive pensando en cómo vivir. Estudia, trabaja, lucha por poder ser “alguien”, porque el subconsciente colectivo indica que la única felicidad es el éxito. Así pasa los días preocupado del dinero, de la imagen, la posición social. El tiempo se convirtió en un bien preciado, “el tiempo es oro” dicen algunos, por lo que lo expedito, lo express se ubicó dentro de nuestras necesidades: comida, salud, transporte, educación, información. Y parece tan obvio, que todo debe ser así, que es lo natural. Suponemos, por ejemplo, que con los noticiarios de la tele es suficiente y, por lo mismo, quienes se dan el tiempo de leer un diario toman una categoría de cuasi-intelectual. Por otro lado, la exigencia a los medios masivos y, por ende, su calidad han disminuido, porque nos parece, claro, está San Internet, que nos salva de todo discurso oficial.

Zeitgeist The Movie

Pero me pregunto si es suficiente, porque, supongo, que si la gente sacara un real provecho de la información que circula, si realmente supieran discriminar entre lo redundante e importante, las cosas serían distintas. Porque nos engrupen con que todo va bien, que Chile es un país “en vías de desarrollo”, democracia aquí, democracia allá, que somos el jaguar de Latinoamérica, al tiempo que nos bombardean con informaciones de Perú, Bolivia (y Argentina en el último tiempo) como diciendo podría ser peor, date con una piedra en el pecho. Y nos quedamos en nuestro eterno conformismo, por comodidad, y seguimos frente a la pantallita tragando todo lo que se dice, porque, finalmente, es más entrete ver las pechugas de la Barrientos, la nueva nariz de la Cote López o los dichos de Pamela Díaz, que darse la lata mental de pensar en cómo mejorar el mundo. Y con esto no planteo la inmolación, no es necesario, sino una mínima actitud crítica frente a los intentos de lavado de cerebro de los discursos oficiales.

Por suerte hay gente que se preocupó y se ocupó de esto. Un famoso y reconocido escéptico es Michael Moore, el de Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11, y que ahora ya se encuentra promoviendo reformas para el sistema de salud estadounidense, a raíz de su último documental, Sicko, que muestra el decadente y vergonzoso ejemplo de su país natal, donde la salud es para los pudientes, versus otros como Canadá, Inglaterra, Francia e incluso Cuba, con un sistema de salud socialista. También está Naomi Klein, periodista canadiense, autora de No Logo y Fences and Windows, en su última obra, The Shock Doctrine –y en un corto con el mismo nombre, donde participó Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, Harry Potter y el Prisionero de Azkabán)-, explica el modus operandis del capitalismo para sus lavados de cerebro. Menos conocidos, o menos mediáticos, son los casos de Annie Leonard y Peter Joseph. Leonard es una experta en sustentabilidad internacional y salud medioambiental que, tras años de investigación, creó The story off Stuffs, un corto que se sustenta en la narración de Annie del ciclo de vida que tienen las cosas hoy en día y nuestra participación –mera intervención, más bien- en ello, dejando entrever la delicada situación del planeta en términos medioambientales (versión en español, aquí). Joseph, por su parte, se presenta como un tipo que, sin intenciones de lucro, decidió dar cuenta de lo que denominó “la mayor mentira jamás contada”, con tal de que la gente tome conciencia y despierte del status quo. Su película Zeitgeist está dividida en tres partes: en la primera, a modo de introducción, propone la tesis de que la religión católica no es más que una compilación de metáforas, extraídas principalmente del antiguo Egipto. Las últimas dos partes se enfocan en Estados Unidos, arguyendo con una serie de datos y hechos que los atentados del 9/11 fueron un vil montaje del Gobierno, donde los intereses personales de los Bush están muy involucrados. Y por si esto fuera poco, remata con la historia del empoderamiento del Banco Central norteamericano, y cómo el escenario mundial (sobre todo las guerras) es fríamente planificado por sus cabecillas. Una recomendación de antemano: acomódense bien antes de ver la película.

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