Moscú y Washington en la crisis del Cáucaso
Mientras en Beijing la apoteósica fiesta de apertura de los Juegos Olímpicos encandilaba a todo el planeta, el drama comenzaba a escribirse de manera violenta en la zona del Cáucaso. La sangre había esta vez llegado al río y el mundo presenció horrorizado las primeras imágenes de un nuevo conflicto bélico que, al igual que las catastróficas guerras en los Balcanes, es un remanente más de la Guerra Fría del siglo pasado.
La situación es muy compleja como para explicarla sin más en un pequeño artículo como éste, pero básicamente se trata de lo siguiente: Una vez consumada la caída de la URSS, en 1991, Georgia logró la independencia, al igual que otras repúblicas. Dentro de su nuevo territorio, sin embargo, se encuentran dos provincias que rechazan su pertenencia al pueblo georgiano: Osetia del Sur y Abjazia. Ambas regiones entablaron una lucha violenta contra Georgia para lograr su independencia, que cesó en un acuerdo de alto el fuego en 1992, del cual es garante la Federación Rusa, heredera de la ex URSS.
Hasta ahí, todo OK, pero falta algo más. Osetia del Sur es una región cuya población casi en su totalidad cuenta con pasaporte de Moscú y no ha renunciado a integrarse en la Federación. Tanto Osetia del Sur como Abjazia, a pesar de pertenecer territorialmente a Georgia, son de hecho independientes y quieren hacer valer esa cualidad en el papel y la legalidad.
¿Por qué entonces la guerra? Georgia es un aliado de EEUU en la zona, rica en recursos gasíferos y petroleros. Su presidente, Mijaíl Saakashvili, tiene la intención de ingresar en la OTAN, cosa que EEUU apoya porque le permitiría poner un pie en zona de directa influencia rusa y controlar la codiciada zona petrolera del Cáucaso. Envalentonado por la ilegal y vergonzosa independencia del Kosovo, en febrero último, y por la reciente visita de la Secretaria de Estado de Washington, Condoleeza Rice, Saakashvili creyó que había llegado la hora de detener la rebeldía de Osetia del Sur por la raíz, invadiéndola y bombardeando brutalmente su capital, Tsjinvali, una ciudad casi completamente destrozada. Pero Rusia, que tuvo que soportar en los ’90 la humillación a la que fue sometida su histórica aliada, Serbia, en medio de la sangrienta desmembración de la antigua Yugoslavia, y que debió tragarse otro trago amargo este año con el “asunto Kosovo”, no está dispuesta a aguantar más afrentas de sus rivales occidentales y la reacción contra Georgia ha sido aplastante. Moscú inició una ofensiva a gran escala a territorio georgiano, dejando en claro que su tolerancia tiene un límite y que no permitirá que nadie se atreva a ejercer influencia directa en una región en que históricamente ha ejercido tutelaje. Mientras, las bombas y metrallas azotan con todo su terrorífico poder a los que siempre sufren: los civiles, cuyos cadáveres se cuentan por miles.
Si la caída del muro en 1990 supuso el fin de un sistema político-económico-social (el socialismo real) no se puede decir lo mismo del fin de las ambiciones hegemónicas regionales. Rusia, que desde el siglo XIX ha reclamado el Cáucaso como zona de influencia natural, no va a permitir que EEUU, cuyas ambiciones imperiales no son misterio para ningún ser mínimamente inteligente, interfiera en su “patio trasero”. Moscú lo que ha hecho es decirle al mundo que su estatus de gran potencia está más vivo que nunca, que los recursos energéticos de la zona los administra ella, que no permitirá el cerco de la OTAN, que con “su” Cáucaso no se juega y que EEUU deberá pensarlo dos veces si quiere volver a desafiarla. Por mientras, Saakashvili piensa como salir del embrollo en que ha metido a Georgia y el mundo entero, mientras goza de las medallas de oro y la lluvia de récords mundiales, pide una vez más la paz para el Cáucaso.
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Sólo una corección: Osetia del Norte es parte de Rusia (lo digo por el tercer párrafo). Es Osetia del Sur donde la mayoría de la población es de orígen ruso y tienen incluso pasaporte ruso.
Y bueno, en este asunto también se demostró que Putin sigue siendo en el fondo el que dirige todavía a Rusia, aunque ya no sea el presidente.
Lamentablemente el problema de fondo no termina aquí, pues Estados Unidos sigue con sus planes de colocar un sistema de defensas en Europa del Este, ya con el consentimiento de la República Checa (donde colocarán un radar) y Polonia (donde instalarán una batería de misiles). Esto obviamente llevó a unas fuertes declaraciones del gobierno ruso, amenazando a Polonia.
Esperemos que eso no pase a mayores.
Saludos.
Toda la razón, error de escritura ya que me refería a Osetia del Sur
Gracias por el dato
Emilio