Conciudadanos: el que espera, desespera

(Nacional) by Camila Paredes on 24-09-2008

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Estimado conciudadano, conciudadana, sea joven, viejo o hippie, mi deber como futura comunicadora social es observar realidades. Por eso, me parece de mucha gracia el asunto que todos los chilenos y chilenas alguna vez han tenido que lidiar: las filas de espera o las colas, dicho coloquialmente.

Fíjese usted que en este Santiago tenemos que pasar bastante tiempo estando parados con cara de que debo hacer algo, pero estoy aquí esperando. Sólo basta caminar por las grandes alamedas o por cualquier paseo citadino para dimensionar semejante barbaridad. Hace unos días atrás, estuve en una fiesta universitaria, donde no cabía ni un alfiler. Mi amiga y colega Javiera me dijo que iba a ir al baño del campus universitario. Luego de compartir alegres y jocosas charlas junto a otros colegas, me percaté de que mi compañera de juerga y conversaciones amplias, aún no llegaba. Tomé el celular y hablé con ella: su respuesta fue que estaba en una cola, esperando por el baño. Tremendo tener que lidiar entre el llamado orgánico y una fila de mundanos que están en la misma situación que nuestro sistema urinario o también, nuestro intestino grueso y ocasionalmente nuestro esófago. Primera situación que no es deseable y que pasa porque hay pocos baños o porque hay tantas personas en un determinado lugar.

También fíjese en la situación de querer tener alguna actividad de esparcimiento, junto a sus amigos, amado, amada o con algún pariente bonachón. Una situación que me parece inconcebible es que si quiero ir a ver una película a las magnas salas del cine, deba realizar una cola multitudinaria para comprar la entrada y luego llegar apuradamente a la sala, sin siquiera haber comprado las palomitas de maíz. Aunque esto es aceptable, porque lo que parece penoso es realizar una fila para luego llegar al mesón de vendedores amables, y que le digan en su cara: se agotaron. Eso, estimados, es muy lamentable, porque como advertía un programa del canal del angelito, “el tiempo es oro”.

Y cuando queremos engolosinar nuestro cuerpo con fast food, también pareciera que justamente aquel día y en aquella hora a muchos conciudadanos se les ocurrió satisfacer el antojo. Es de importancia considerar siempre a las personas que lidian con los comensales, porque este tipo de clientes quieren que tal como la comida es rápida, el servicio también. Las caras de estos trabajadores, en horas peaks de la gula, son nerviosas, estresadas y atentas a las ocurrentes preguntas expresadas por los golosos.

Dejando de lado los servicios comerciales, hay otros que merecen una suma importancia: las filas en ciertos paraderos de Transantiago (Escuela Militar por ejemplo) o también la ida en metro en la mañana. No es mi intención salir justa en tiempo de casa, pero siempre ocurre algo que me atrasa. Cuando llego al metro, debo realizar una fila para poder entrar al tren. Y es que a veces, cuando estoy “primera en la cola”, no falta aquel conciudadano carente de modales que pasa por encima de una y logra subir a los sobrepoblados metros cuadrados de los carros. Y bueno, así llevamos un buen tiempo todos lidiando con el tan manoseado y vomitado sistema de transporte público.

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